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El anuncio del ajuste fiscal realizado por el ministerio de Hacienda ha generado debate respecto al rol del Estado en la economía. Muchos analistas consideran que no es buena la reciente resolución de reducir el gasto público y que debido al adverso contexto internacional, el gobierno debería elevar el gasto público para expandir la demanda.
 
Si bien es cierto que a veces una expansión de la demanda puede dar oxígeno en el corto plazo, sólo lo hace a costa de generar más asfixia en el largo plazo. Ningún gobierno de turno podrá dirigir exitosamente una economía en el largo plazo interviniendo la demanda. Esto ocurre porque quienes demandan los productos de una economía son personas y, como tales, poseen diversas valoraciones de los bienes que consumen.
 
Un funcionario del Estado puede sostener que es indispensable fomentar la industria del calzado, mientras otro podría querer fomentar el desarrollo de la industria náutica. Pero, si en ese momento, la mayoría de las personas no demanda esos productos, sólo se habrá conseguido producir bienes que no serán comprados. En el corto plazo se contrató mano de obra y se activó la economía. En el largo, al no concretarse las ventas, las empresas quebrarán, volverá a subir el desempleo y habrá una mala asignación de los recursos productivos.
 
Debe entenderse que el Estado debe funcionar con la lógica de cualquier familia, es decir, los gastos no deben superar a los ingresos. Sin embargo, en el caso de tener un déficit, existen dos alternativas: incrementar los ingresos o disminuir los gastos. Aumentar los ingresos no es sencillo con un escenario internacional adverso. La mejor manera de hacerlo es a través de la inversión productiva de los emprendedores, la cual traerá recursos sostenidos en el tiempo y generará puestos de trabajo estables, ya que estarán atendiendo la demanda efectiva de los ciudadanos.

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