Olate, Gendarmería y la lucha de clases

Olate, Gendarmería y la lucha de clases

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Hace pocos días, el presidente de la Cámara de Diputados, Osvaldo Andrade y su cónyuge, Myriam Olate se vieron envueltos en una nueva polémica, tras darse a conocer la millonaria pensión con que el sistema fiscal agasajaba mes a mes a la señora del cuestionado honorable, tras su paso por Gendarmería de Chile. ¿Acaso no es normal recibir una pensión tras la vida laboral? La verdad es que si. Aunque el monto de ésta asciende a la muy envidiable suma de $5.200.000, algo así como 130 años de trabajo percibiendo el sueldo mínimo. Los hechos dejan en evidencia que para el Estado y sus organismos, existen dos clases de ciudadanos o bien, castas. Por su lado, los burócratas y por otro, los gobernados.

Tal y como nos enseñó Dunoyer, debemos comenzar con dos preguntas: ¿cuál es la finalidad de los gobiernos? y ¿por qué nos mete la mano en el bolsillo para repartirla a personas que no conocemos, so pretexto de que nos proporcionan un servicio que, dicho sea de paso no utilizamos? A lo mejor, Karl Marx no estaba tan equivocado en el fondo, cuando presentó ante el mundo su teoría de lucha de clases. Es probable que la purga ya no se trate de los dueños de los medios de producción versus los trabajadores despojados de la plusvalía del valor-trabajo, sino más bien sobre las castas que buscan y se hacen del control del poder para acceder al Estado en contraposición de los oprimidos contribuyentes, quienes somos cómplices pasivos en el achanchamiento burocrático manifestado en sueldos, viáticos, viajes y variopintas pensiones para nuestros representantes (¿de que?). Al mismo tiempo que los primeros crean leyes y promulgan decretos para imponernos la forma en que los segundos debemos llevar a cabo nuestras vidas, pasando por cómo debemos alimentarnos e incluso, con quienes podemos contraer vínculos matrimoniales.

En consecuencia, el Estado y sus organismos, cual monipodio indiscriminado y titular del poder, con sus normas, controles, concesiones y privilegios son quienes detonan conflicto social, creador de la dualidad de castas llamadas gobernantes y gobernados, quienes friccionan la armonía social. Las formas y el ideario de los postulantes al poder pueden cambiar con el paso del tiempo, la vocación es la misma: decirnos que hacer y reprimir cuando se desobedece. Tal vez Marx, no estaba tan equivocado cuando echaba mano a la «falsa conciencia». Probablemente, es mejor vivir seguro antes que libre.

 

Miguel Sepúlveda C.

Director en Centro de Estudios Ágora,

Estudiante de Derecho U.Finis Terrae.

 

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