Opinión: “El engaño anti-populista”

Opinión: “El engaño anti-populista”

373
0
SHARE

En la actualidad se ha hecho común en la región escuchar o leer a las personas refiriéndose al populismo como un término negativo, pero esto no pasa más allá de una caracterización vacía y carente de contenido más que el eco que hace en el sentir de ciertos sectores políticos. En efecto, los análisis que han existido en torno al concepto adolecen de prejuicios ideológicos sucumbiendo incluso en la banalidad (lo que se ha hecho común con el levantamiento de ciertos paladines).

Lo anterior ha oscurecido el debate (doctrinario principalmente) más que dar luces sobre la manifestación del fenómeno populista, por lo que se hace menester plantear la interrogante de: ¿A qué nos referimos realmente con populismo?

En su obra “La razón populista”, El argentino Ernesto Laclau sostiene la tesis de que <<el populismo no tiene un contenido específico, sino que es una forma de pensar las identidades sociales, un modo de articular las demandas dispersas, y una manera de construir lo político>>. Así, afirma en una entrevista que la generalización peyorativa y la crítica del concepto se debe a la concepción tecnocrática del poder y, he ahí, que sea tan común el reflujo que provoca éste. La política no se sostiene por sí misma sin entender lo político. La primera hace referencia a las prácticas e instituciones de la política convencional, mientras que lo político posee un carácter ontológico (el modo en que se instituye la sociedad, reconociendo al poder, el conflicto y el antagonismo como elementos constitutivos de la sociabilidad humana).

Finalmente, cabe decir y cuestionarse sobre cuál sería realmente el problema de que las masas políticas vírgenes participen y se introduzcan en el sistema político más allá del mero clientelismo o, como dijo Nobert Lechner, de una política ‘qua mercado’ (entendida en correlación de la digregación del todo que el autor toma en su misma obra “Qué significa hacer política”), e incluso, el concebir al Estado como una organización ética en el sentido hegeliano.

A fin de cuentas, el populismo no es más que una expresión de lo político, una seña por excelencia de la operación política la cual contribuye a la consolidación democrática mediante la consolidación de identidades políticas, de lo político en sí mismo y, en ningún caso, se reduce a una mera gestión administrativa en pos de réditos políticos como nos han hecho creer.

 

Felipe Javier Castro Azócar,

Estudiante de Derecho,

Universidad Finis Terrae.

 

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY