La guerra ya terminó

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Para todos los peruanos, octubre se ha convertido en la efeméride que nos recuerda la gesta heroica de Miguel Grau, y a la vez el momento que se toma como pretexto para reabrir año tras año las heridas mal suturadas tras la Guerra del Pacífico, y atizar la tirria que genera un acontecimiento acaecido hace más de un siglo.

En ambos lados de la frontera, cualquier excusa es la cortada perfecta para seguir practicando este deporte nacional del odio –no por todos, si por muchos–, sobre todo si se trata del pisco, del fútbol y de la inmigración.

Como peruano puedo decir que la derrota sufrida en la guerra, es un pasaje de la historia cuya lectura aún genera sentimientos de aversión hacia quienes se alzaron con la victoria, llevando a pensar a muchos que tras la firma del Tratado de Ancón, Chile ha iniciado una carrera armamentista para perpetrar su extensión territorial hacia el norte, y que tambores de guerra estarán prontos a sonar; argumentos que no se ajustan a la realidad.

En los últimos 80 años se han reducido los conflictos bélicos entre naciones. La globalización y democratización del mundo gracias a liberalización de la economía han generado dividendos de paz, es por eso que hoy existen menos guerras que en los orígenes, y es imposible ver enfrentadas violentamente a las democracias.  Esto se puede comprobar en la reducción del gasto militar en armamentos en todo el mundo, el que ha caído en más del 30% desde 1988 hasta la actualidad. Chile lo ha reducido de 4.1% a 1.9% y Perú de 2.5% a 1.6%.

El pasado 1 de marzo se cumplieron 7 años de la entrada en vigencia del TLC entre Perú y Chile, y en ese período las exportaciones peruanas a ese destino se incrementaron en más del 110%, convirtiéndose Chile en el 7° destino de estas y el 1° en Latinoamérica, sobresaliendo las exportaciones no tradicionales que han venido creciendo a tasas anuales promedio de 15%, siendo las mypes el 70% de las empresas peruanas exportadoras a Chile.  Asimismo, Chile es el primer país latinoamericano de origen de inversión extranjera en el Perú, con una participación de 6.1%, teniendo una presencia en casi todos los sectores.

La guerra entre ambas naciones es definitivamente una mala idea, pues el bienestar material es más importante que los logros bélicos. Y es que el camino hacia el progreso de las naciones no se construye a través de la ruina de sus vecinos.

En “La Riqueza de las Naciones”, Adam Smith sostenía fehacientemente que la verdadera riqueza no viene por la decreciente riqueza de otros, sino por los beneficios recíprocos que se generan a través al intercambio comercial.

Es claro que el espíritu del comercio es incompatible con la guerra, y es la prosperidad de la que ambas naciones gozamos actualmente la que debe acercar cada vez más a nuestros pueblos y alejarnos de los rencores.

Fernando Vigil

columnista-3Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de la Comunidad El Tributo, la de sus directores u otros miembros.

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