Camino a Miraflores

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Venezuelan President Nicolas Maduro raises his fist during a May Day rally in Caracas on May 1, 2014. AFP PHOTO/FEDERICO PARRA (Photo credit should read FEDERICO PARRA/AFP/Getty Images)

En los últimos quince días el clima político venezolano ha vuelto a subir de temperatura. Cual castillo de naipes sustentado por bases endebles, el régimen venezolano se encargó de pulverizar la posibilidad de realizar el referendo revocatorio para el año 2016 y, adicionalmente, postergar tentativamente las elecciones regionales de gobernadores para el año 2017. Por si fuera poco, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) reafirmó mediante una polémica sentencia la nacionalidad venezolana de Nicolás Maduro.

Estas circunstancias trajeron consigo conmoción en la oposición venezolana, la cual, además de ser mayoritariamente socialista, ha proclamado una y otra vez que la salida del régimen de Nicolás Maduro ha de ser “pacífica, constitucional y electoral”. Más allá de la inconsistencia que implica querer adversar el socialismo desde el propio socialismo, lo cierto del caso es que el gobierno de Maduro y su estudio legal prêt-à-porter (TSJ) se han encargado de echar al trasto las aspiraciones e ideales de transición opositora.

Ante semejantes bofetones la ciudadanía ha entrado en ebullición. Como consecuencia de ello, la mayoría del liderazgo opositor –experto en otorgar bombonas de oxígeno y salvavidas al régimen de Maduro– se vio obligado a convocar a una nueva concentración a mediados de la semana y hacer un llamado a huelga el pasado viernes. Lo más importante: por primera vez desde 2002, los líderes opositores convocaron una marcha hasta Miraflores (palacio presidencial) para el día 3 de noviembre, una acción radical que es vista como un anatema por la opinión pública e intelectualidad que sustenta la coalición opositora, y que trae a la memoria los fatídicos y polémicos hechos acaecidos el 11 de abril de 2002.

¿Se estará frente a un camino sin retorno? ¿Irá la oposición hasta Miraflores? En nuestra opinión, no. Primero, el mundo militar (sin el cual no se tiene poder coactivo para garantizar paz y orden público de cualquier transición) no parece dispuesto a suplantar a Nicolás Maduro. Segundo, el liderazgo opositor tiene una vocación oxigenadora que se  ha reafirmado a través de los años, acompañada de un establishment mediático e intelectual socialista que secunda dicho proceder. Tercero, el entorno internacional lejos está de querer ver una Venezuela convulsa en estos tiempos, por lo que más allá de la retórica parece jugar la mano del apaciguamiento y el diálogo.

Se corre el peligro, sin embargo, de que la ciudadanía desconozca un liderazgo que juzgue como ilegítimo y ajeno a sus intereses. La desesperación de los venezolanos es grande y el caudal que embaúla la paciencia puede terminar por desbordarse trayendo consigo consecuencias inesperadas.

 

Andres Guevara

Twitter: @AndresFGuevaraB

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Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de la Comunidad El Tributo, la de sus directores u otros miembros.

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